Escritos de San Juan de la Cruz

eSCRITOS

 ESCRITOS DE SAN JUAN DE LA CRUZ

        Los escritos del doctor místico son pocos y relativamente breves. En números redondos: poco más de mil páginas en prosa, y algo menos de mil versos. Los tres poemas que le han dado la celebridad alcanzan un total de 264 versos. Estamos ante una obra de dimensiones muy reducidas. La fama que con ella ha conseguido se debe sin duda a la calidad. Escribe poco, y aún deja sin concluir dos o tres de sus cuatro obras más extensas.
          La razón de esa brevedad es doble
. En primer lugar, es que da mayor importancia a otras actividades y servicios de su voca­ción de carmelita. Y además tiene conciencia de que ha escrito lo que realmente quería decir. Es esencialista y funcional. En cuanto ha dado respuestas nuevas a situaciones nuevas, calla. Su vocación es crear, no producir.

     Ayuda a la lectura de sus escritos una sencilla clasificación, que los organiza en dos bloques, con ocho unidades en total:

-ESCRITOS BREVES:
1. Poesías: 2 romances, 5 poemas, 5 glosas.
2. Dichos de luz y amor y otros avisos: unos 200.
3. Cautelas y Cuatro avisos a un religioso.
4. Epistolario: alrededor de 33 cartas.

-OBRAS MAYORES:
5. Subida del Monte Carmelo: 3 libros.
6. Noche oscura: 2 libros (8 estrofas).
7. Cántico espiritual: con 39/40 estrofas y comentario.
8. Llama de amor viva: con 4 estrofas y comentario.

     Esto es todo lo que de él conservamos; y es lo que el lector encuentra en una edición normal de sus escritos. Pero hay que llevar de antemano una pequeña información, para entender las referencias e iniciar la lectura directa. Presentamos brevemente cada una de las ocho unidades. Lo haremos teniendo en cuenta y destacando tres aspectos: estructura, temática, puntos de mayor interés actual.

1. Poesías .-
     Son las piezas de mayor relieve en la sección de escritos breves. Doce composiciones, distribuidas en tres categorías: 2 romances, 5 poemas, 5 glosas. Entre todas alcanzan los 956 versos. Su importancia no está en el número o la extensión, sino en la densidad mística y en la calidad literaria. El autor las considera expresión primordial de la experiencia.
     La temática es unitaria y al mismo tiempo variada. Los romances y los poemas cantan la historia de la salvación y de santificación, con mirada de amplios horizontes. En las glosas, se tratan experiencias o temas limitados: fe, trascendencia, esperanza.
     Al ser breve su creación poética, bien merece la pena leerla por entero. Los poemas de Noche, Cántico y Llama, ya se leen en las obras correspondientes. El primer romance, sobre la Trinidad y la Encarnación, desarrolla en nueve escenas la comunicación histórica de Dios al hombre, que es la base del proceso de unión. Merece también lectura detenida el poema de la Fonte.  

2. Dichos de luz y amor
     Bajo ese título, dado por el mismo autor, se recogen al­gunas sentencias o colecciones de sentencias, que iba redactando como resumen o complemento de su magisterio oral. El grupo más importante es de 78 axiomas, que se conservan en el autógrafo de Andújar (Jaén). A estos se añaden varias series más, llegando a un total de 200 avisos. «Son una especie de comprimidos ascético-místicos, fruto condensado de altos principios doctrinales, experiencias maduras y exquisitos análisis psíquicos, con que amasó toda su admirable doctrina el grande escritor del Carmelo» (Silverio de S. T.). Es un género literario que Juan de la Cruz domina con verdadera maestría.
     Su temática es muy variada, pues responden a necesidades de diferentes personas. Se habla de todo: amor, recogi­miento, presencia de Dios, dignidad del hombre, valor de la razón natural, renuncia, fortaleza y silencio … Hay para todos los gustos y situaciones.
     Ante esta obrita, no tiene el lector moderno que hacer esfuerzos para sintonizar. Casi todo le toca en el espíritu y la sensibilidad. Debería aprender de memoria muchos de ellos: «Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo … »; «A la tarde te examinarán el amor»; «Oración de alma enamorada», etc.

3. Cautelas
     Es un título que a nadie engaña. Ofrece algunos avisos para defenderse frente a ciertos enemigos que destruyen o paralizan la vida espiritual: mundo, demonio y carne. Descubre dónde está el peligro, y ofrece tres cautelas apropiadas contra cada uno de ellos; nueve cautelas en total.
     Dedica el librito a la comunidad de Beas, que al mismo tiempo le oye comentar el Cántico y la Subida. Se mueven en el ámbito de la convivencia religiosa. No reflejan el vivir real, sino solamente previenen frente a algunos peligros frecuentes de aficiones y nostalgias, curiosidad y susceptibilidades, tensiones y mundillos, que fácilmente se crean en la vida de comunidad.
     Tomadas en su intención original, como recursos limitados para favorecer el desarrollo de la vida teologal, conservan su valor y se pueden aplicar a todo género de convivencia. A la primera lectura, disgustan por su formulación chocante y exagerada. En una relectura pausada, empiezan a sugerir y a gustar.

4. Epistolario
     De sus variados escritos son las cartas el sector más pobre. Carencia que se hace más dolorosa, cuando sabemos que escribió muchas más, que se han perdido por la incuria o la malicia de las personas. Se conservan poco más de 30, algunas de ellas en fragmentos.
    No hay en ellas mucha variedad de temas o destinatarios. Están dirigidas todas a frailes o monjas carmelitas, y a algunas personas cercanas al Carmelo. Tratan algunos temas de gobierno. La mayoría son de dirección espiritual. De su persona directamente habla muy poco: experiencias interiores, ocupaciones, viajes, enfermedades. En cambio, delata su psicología y su afecto en los saludos y en la exposición doctrinal.
     Para intimar con Juan de la Cruz, resultan insustituibles. Es el mismo maestro de los grandes escritos, pero con la cercanía y la suavidad de hermano y compañero de viaje: afable y exigente. Entre las mejores se cuentan las que dirige a: la comunidad de Beas, las fundadoras de Córdoba, Juana de Pedraza, Ana de Jesús, Ana de Peñalosa …

5. Subida del Monte Carmelo
     Título figurado, que indica la doble tonalidad de la obra: la alta unión con Dios a que tiende, y el esfuerzo de subir. El autor trazó un esbozo de monte, con senderos y letras que llevan hasta la cumbre. Y lo puso al principio, como resumen intuitivo. Se orienta un poco también por el poema de la Noche oscura, sin atarse a comentario. Consta de tres libros, con 15-32-45 capítulos. Es su obra más extensa.
     El tema central es la pureza y autentificación de la vida teologal. En la originalidad con que analiza y estructura la vida teologal está su fuerza: fe, amor y esperanza, aplicadas con rigor a todas las actitudes de la persona y a todas las situaciones de la existencia creyente. De ahí viene también su dureza, ya que toma estas virtudes en su fase de creciente depuración, y no en la más característica de expansión unitiva. Especial relieve tiene el esfuerzo por injertar gracias y fenómenos de la vida mística en el tronco de la vida teologal.
     Por lo dicho, ya se ve su perenne actualidad. Sus páginas de fenomenología mística no deben ocultar los contenidos prevalentes: vida teologal, función esencial de cada una de las virtudes, papel esencial del amor en positivo y en negativo. Con esta obra ha marcado la experiencia y la doctrina mística pos­terior.

6. Noche oscura
     Es como la segunda parte y complemento de Subida. Co­menta las dos primeras estrofas del poema «En una noche os­cura», demorándose particularmente en la declaración de este primer verso. El santo la distribuyó siguiendo el orden de los versos, que tienen a veces diez y quince páginas de comenta­rio sin ninguna otra división. Para facilitar la lectura, el pri­mer editor (en 1618) introdujo la división en dos libros de 14-25 capítulos: la noche del sentido en el primero, y en el se­gundo la noche espiritual.
     El tema sigue el proceso iniciado en Subida: depuración y arraigamiento de la vida teologal. La diferencia, y muy sen­sible por cierto, es que Noche desarrolla el aspecto pasivo de esa dinámica. La intervención de Dios rompe los programas del hombre y le somete a un proceso violento de transformación, que el santo compara a la vivencia de muerte-resurrección.
     De la actualidad de la Noche poco tenemos que decir. El símbolo, el poema, el libro, se han convertido en cosa familiar de nuestro mundo cultural. Y sobre todo, la experiencia de vacío y desconcierto, de la presencia ausente de Dios, es nuestro pan de cada día. Por eso, el libro de la Noche oscura derrama hoy tanta luz sobre nuestra existencia difícil y ator­mentada.

7. Cántico espiritual
     Declara enteramente, verso a verso, el poema que empie­za «¿Adónde te escondiste?», que el autor denomina Las canciones de la esposa. Por dos veces ha redactado la obra. La primera redacción (Cántico A) comenta el poema de 39 es­trofas, en tono lírico, breve, espontáneo. La segunda redacción (Cántico B) añade una estrofa (“Descubre tu presencia”, nº 11), cambia el orden de muchas de ellas en el centro del poema, y amplía considerablemente el comentario de las 40 canciones, dándole tono más doctrinal y pedagógico.
     El prólogo es pieza clave para la comprensión de esta obra, en sus contenidos y en su dinámica interior de experiencia­ doctrina-lenguaje. El simbolismo del amor, tomado del Cantar, da sentido bíblico, impulso, unidad a toda la obra. Sigue el ritmo en cuatro tiempos: búsqueda ansiosa (1-12), encuentro (13-21), unión plena (22-35), aspiración a gloria (36-40).
     Es la obra predilecta de Juan de la Cruz, su creación más querida y laboriosa. En la prisión de Toledo, compone, reza, canta, vive estas palabras de amor inagotable. Las declara luego, las relee y las retoca sin cansarse. Quien llega a familia­rizarse con la experiencia y el lenguaje simbólico de la obra, no necesita recomendaciones para aficionarse a ella.

8. Llama de amor viva
     El título general coincide con el primer verso del poema. Indica bien los contenidos y el movimiento de la obra. Siendo el poema breve (4 estrofas, 24 versos), tiene la posibilidad de extenderse en la declaración de cada verso. También Llama ha tenido una primera y una segunda redacción (A y B). Los retoques son de menor alcance. Queda intacto el número y el orden de las estrofas. Amplía el comentario.
     Temas centrales: dimensión trinitaria de la vida mística, el amor calificado, la acción del Espíritu Santo, principios de glorificación. Como digresión, aunque muy intencionada, vuelve repetidamente sobre las fases de noche oscura.
     No debe el lector retraerse, por miedo a las alturas en que se mueve Llama. Con un poco de esfuerzo y sensibilidad espiritual, verá que pronto sintoniza. Es una obra muy indicada para potenciar la experiencia del misterio cristiano: presencia, amor, gratuidad, alabanza, interioridad, libertad …
                                                                                                                                                                 (Federico Ruiz, ocd.

 

Como prueba de su profunda espiritualidad puedes leer

la «ORACIÓN DE ALMA ENAMORADA«